Orígenes del vidrio y su
evolución
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Muchos autores de la antigüedad
escribieron acerca del vidrio. Plinio el Viejo (23-79 d.C.),
por ejemplo, narró en su Historia Natural que el descubrimiento
de ese material tuvo lugar en Siria, cuando unos mercaderes
de natrón, probablemente en ruta hacia Egipto, preparaban
su comida al lado del Río Belus, en Fenicia. Al no encontrar
piedras para colocar sus ollas, pusieron trozos del natrón
que llevaban como carga, y a la mañana siguiente vieron
cómo las piedras se habían fundido y su reacción
con la arena había producido un material brillante, vítreo,
similar a una piedra artificial. Tal fue, en síntesis,
el origen del vidrio.
Estrabón (58 a.C.-25 d.C.), por su parte, en su Geografía
describe con admiración un sarcófago de vidrio,
y asegura que en un punto localizado entre Tolemaida y Tiro
se extraía la arena apropiada para el vidrio. El griego
Heródoto (484-410 a.C.), considerado como el Padre
de la Historia, relata la manera en que los etíopes
embalsamaban a sus muertos para colocarlos en sarcófagos
de vidrio. Eliano, escritor griego del siglo III, narra las
condiciones en que Jerges, el hijo de Darío, descubrió
el cuerpo de un jefe asirio en un ataúd de vidrio. Salomón,
en sus Proverbios, condenó al que miraba el vino a través
de un vaso de vidrio, y también en el Antiguo Testamento
se encuentra mencionado el vidrio en la Historia de Job: No
se compara el oro y el cristal, ni se cambia por vasija de oro
fino. Corales y cristal no merecen ni mención, la sabiduría
vale más que las perlas.
Todas estas alusiones resultan muy posteriores a la época
en que comenzó a fabricarse el vidrio, y en su mayoría
pasaron de generación en generación por transmisión
oral antes de ser perpetuadas por la escritura. De manera adjunta,
dichos testimonios constituyen la versión de los vencedores,
lo cual les otorga un cierto grado de duda en cuanto a su veracidad.
Igualmente cuestionables son las investigaciones históricas
del siglo XIX sobre el mundo antiguo, ya que en ellas prevalece
una visión romántica y poco científica
acerca de los orígenes de la cultura occidental. Es por
ello que cuando se da inicio a una investigación relacionada
con las civilizaciones pretéritas, se suscita el problema
de que las fuentes históricas varían mucho en
la calidad de la información que ofrecen. Empero, en
la actualidad existen datos más seguros, sustentados
en los resultados que se obtienen por el empleo del radiocarbono,
la dendrocronología, el arqueomagnetismo, la informática,
la investigación documental y el trabajo de campo realizado
por los arqueólogos.
Entre los textos antiguos antes mencionados, resalta por su
importancia la Historia Natural de Plinio el Viejo, escrita
en el primer siglo después de Cristo. En ella se ofrecen
buenas evidencias acerca de la región geográfica
en la que pudo haber sido descubierto el vidrio y sobre la manera
accidental en que tal episodio ocurrió. No obstante,
los detalles del descubrimiento narrado por Plinio son poco
confiables, ya que para lograr el punto de fusión del
natrón que dio por resultado la formación del
vidrio, hubiera sido necesaria una temperatura aproximada a
los 1300° o 1500° C., mientras que una fogata
al aire libre puede alcanzar, cuando mucho, los 600° C.
Si en los aspectos físicos se pueden suscitar dudas,
en lo que respecta a la información sobre los fenicios
existen verdades indiscutibles. Por un lado, ellos fueron los
comerciantes por excelencia de la época, ya que al carecer
de recursos naturales en sus tierras, buscaron en el comercio
otra forma de supervivencia. Inclusive pedían permiso
a los egipcios para comprar y vender libremente en sus costas,
llevando después los productos de ese imperio a los puertos
de todo el Mediterráneo. Los fenicios no sólo
intercambiaban objetos en sus viajes, sino que también
propagaban la ciencia, los conocimientos y costumbres de todo
el mundo conocido. Muchos eran los productos que comercializaban,
entre ellos el natrón. Este material era sumamente apreciado
porque se empleaba tanto para el aseo de los dientes como para
el baño. Además, al ser disuelto en agua funciona
como desengrasante, por lo que se utilizaba para limpiar la
loza. Los egipcios, por su parte, lo aprovechaban constantemente
en el proceso de momificación. Es probable que además
del natrón, los fenicios comercializaran objetos de faiensa
y vidrio, los cuales eran fabricados en Egipto. Los artesanos
de ese imperio eran famosos en todo el Mediterráneo por
imitar casi a la perfección, con dichos materiales, las
piedras preciosas y semipreciosas.
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