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Técnicas empleadas en el Antiguo Egipto para la elaboración del vidrio



 

  Piezas de vidrio egipcio. Imperio Nuevo. Museo del El cairo, Egipto.

La manera en que se fundía el vidrio era sumamente rudimentaria. Prueba de ello son los hornos encontrados en Tell Amarna, en los cuales se utilizaban unas cacerolas de barro muy sencillas para la fusión. Estos recipientes hacían las veces de crisoles y no pudieron ser fabricados con cualquier arcilla, sino con un material capaz de resistir las altas temperaturas requeridas para mezclar los elementos de la fórmula del vidrio. Los objetos de vidrio eran creados principalmente con la técnica conocida como “núcleo de arena”, la cual consistía en aplicar una capa de vidrio fundido sobre un núcleo formado con arcilla. Después, cuando el material se endurecía, su superficie era pulida calentándola y girándola sobre una piedra plana, posiblemente de granito. En seguida se retiraba del interior el núcleo de arcilla y por último la pieza era decorada con la técnica de envolvimiento.

Ésta consistía en agregar alrededor de ella finas tiras de vidrio de otro color fusionadas a una menor temperatura, para formar bellos diseños con forma de espirales, que jalaban con una especie de punzón para darles el acabado de zig zag. Las cuentas se realizaban introduciendo un alambre de metal en el crisol donde se encontraba la pasta vítrea fusionada. Al sacarla e irse enfriando, la giraban en una piedra lisa para darle la forma deseada. También se trabajaba el corte en frío, que se creaba por medio de incisiones hasta lograr el efecto deseado; luego se pulía la pieza con arena fina y agua para darle un mejor acabado.

Existe un ejemplar en el Corning Museum of Glass de los Estados Unidos, que es considerado como una obra maestra del arte egipcio en vidrio. Se trata del retrato más antiguo trabajado en este material, correspondiente a Amenhotep II, el cual se realizó en molde a la cera perdida, y más tarde fue detallado a través del pulimento. No hay que olvidar que los egipcios fueron excelentes lapidarios y que aplicaron algunas de sus técnicas a la confección de objetos de vidrio. Como testimonio de este trabajo, se conserva el relieve de una tumba de la XVIII dinastía (ca. 1550 a.C.), en el cual se representan dos obreros que pulen una pieza en una especie de torno, valiéndose de bandas y abrasivos. De la misma manera se lograban los detalles en los sellos, amuletos y joyas. También era trabajada la pasta de vidrio con diferentes procedimientos, ya fuera en calidad de esmalte para rellenar huecos en las piezas de joyería y efectuar incrustaciones en muebles elaborados con madera, o bien procesada en moldes, donde se mezclaban los materiales y posteriormente se introducían a los hornos hasta que la mezcla se fundía para adoptar la forma del recipiente. Cuando se enfriaba la pasta, se abría el molde y se terminaba la pieza puliéndola en frío. Otra técnica que realizaron con gran maestría y que se fue perfeccionando poco a poco hasta lograr su apogeo en la época alejandrina, fue la del mosaico, mediante la cual se imitaron el granito rosa y otros tipos de piedra.

Los vidrios de la antigüedad eran siempre de base sódica con alto contenido alcalino, ello producía un material más blando y menos resistente al desgaste. Antes de la época romana, el vidrio egipcio era ya famoso por su técnica y sobre todo por sus colores, gracias a lo cual suplía con éxito a las piedras preciosas o semipreciosas. Los primeros objetos fueron opacos, en azul oscuro y turquesa. Estos colores se lograban agregando azurita para el azul claro y cobalto para el oscuro. Más tarde se empleó el negro, logrado con mineral de magnesio (pirolusita); el amarillo, agregando antimonio, sulfuro de arsénico y ocre amarillento, particularmente abundante en Egipto; el marrón, obtenido con las tierras abundantes en óxido de hierro; el verde, que de acuerdo con Petrie, se conseguía mediante una frita en la que se combinaban el azul y el ocre; el verde claro surgía de la malaquita; el rojo del óxido de hiero, que es rojo, y del óxido de hierro hidratado, que presenta una tonalidad amarillenta, pero que al ser calentado se transforma en bermellón.

 


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