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La Composición Vítrea.





  Detalle del trono de Tutankhamon
Madera recubierta con hoja de oro, piedras semi preciosas
y pasta de vidrio multicolor
Imperio Nuevo
Museo del El Cairo, Egipto




  Sarcófago de Tutankhamon

 

La faiensa egipcia o composición vítrea, es un material que fue realmente estudiado a fondo y analizado en fechas recientes. El nombre se lo dieron los arqueólogos europeos por su similitud con la loza mayólica o faience europea; pero el término está mal empleado, porque el producto egipcio se forma con una pasta de vidrio y no de cerámica. Inclusive en árabe se le llama quishani y no faiensa.

Esta técnica fue desarrollada por las civilizaciones Nagada y Badarian desde los años 5500 a 3500 a.C. La pasta de vidrio que se obtenía era llamada por los egipcios antiguos “tjehenet”, vocablo que significaba brillante o deslumbrador. Se elaboraba con una frita de cuarzo molido que era mezclada con pequeñas cantidades de cal, natrón o restos de vegetales incinerados. En Egipto brotaba una planta idónea para el caso, llamada Al Kali, con la cual se producían cenizas para obtener la sosa.

Elaborar una pieza de faiensa suponía, en primer lugar, moler el cuarzo hasta formar un polvo muy fino al que se le agregaban sosa y cal. A esta mezcla se le añadía agua para darle una consistencia de pasta que podía ser configurada a mano o bien por medio de moldes hechos con arcilla. Después la pasta era cubierta con un vidriado azul o verde del mismo material, es decir la sílica, la sosa y la cal, que incluso en la actualidad se emplean como componentes básicos de la fórmula del vidrio.

Posteriormente, la pieza de faiensa se horneaba a unos 900° C., temperatura que era insuficiente para fundir al material en su totalidad, pero que permitía obtener una capa vidriada en la superficie de la pieza. En otros casos, se utilizaba la técnica de colado, la cual probablemente fue la primera en utilizarse ya que no se diferencia mucho de otros sistemas ya utilizados para la fabricación del metal. Para trabajar una pieza colada, la mezcla se vaciaba en un crisol para fundirla y después se pasaba a moldes con la forma deseada.

Actualmente los científicos del Museo de El Cairo se asombran del proceso de elaboración de estas piezas, ya que técnicamente resulta muy complicado, al igual sorprende la transparencia lograda en los barnices que cubrían los objetos,. Según los estudios químicos realizados, los barnices muestran un porcentaje de 0.5 de oxido de plomo, lo cual es muy interesante ya que el plomo aun en la actualidad se utiliza para darle transparencia al vidrio. Este punto es de suma importancia ya que es una prueba más, de que los egipcios no fabricaban el vidrio transparente o traslucido en grandes producciones, no porque no dominaran la técnica, sino porque para ellos tenía más importancia utilizarlo con fines rituales.

Los objetos de faiensa fabricados con polvo de cuarzo y los de pasta de vidrio manufacturados con sílice, tenían una estrecha relación con la joyería. Ambos eran utilizados para confeccionar principalmente ornamentos destinados al ajuar funerario, como podían ser pequeños recipientes perfumeros, balsamarios y para afeites, amuletos, collares, anillos, máscaras e incluso sarcófagos, como el de Tutankamón, hecho en oro con incrustaciones de piedras semipreciosas y vidrio de color, cortado y pulido en forma de esmalte colocado en partes previamente ahuecadas, llamadas costillas. Todos estos enseres eran muy importantes para los egipcios, ya que se les consideraba símbolos de la eternidad y brindaban protección a los muertos durante millones de años contra los peligros que pudieran encontrar en el camino hacia la eternidad.

 


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