El vidrio

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¿Qué es el vidrio?

El vidrio es un material que no ha dejado de maravillarnos desde los tiempos antiguos hasta el presente. Sus cualidades y ductilidad ofrecen una gama infinita de posibilidades, ya sea en el campo doméstico como en el industrial, en el de la óptica e incluso en el del arte. El vidrio calizo, por ejemplo, está presente a diario en las vajillas, copas, ceniceros y objetos ornamentales; al tiempo en que el vidrio plano y transparente protege a los hogares de las inclemencias del tiempo, cuando es colocado en las ventanas.


El vidrio resulta tan común a la sociedad contemporánea, que sería difícil concebir la vida moderna sin el. Su presencia es fundamental para que los focos irradien la luz eléctrica; igualmente necesario resulta en la manufactura de televisores, computadoras y vehículos de transporte; mientras que en el rubro científico y de precisión, cabe citar al vidrio utilizado en anteojos, microscopios y telescopios. Finalmente, en los dominios del arte el vidrio ha mostrado una faceta novedosa en el último tercio del siglo XX, al ser utilizado como materia prima de expresión por varios creadores plásticos de renombre.

Composición y propiedades del vidrio

Desde el punto de vista físico, el vidrio es una sustancia líquida sobrefundida y solidificada. De manera persistente, el hombre se ha valido de dicho material para tratar de imitar las diversas vitrificaciones que presenta la naturaleza, tales como el cuarzo, la cornalina, el ágata, el jaspe, la obsidiana y el cristal de roca, que es una variedad de cuarzo cristalino, incoloro, de gran pureza y totalmente transparente. Esta búsqueda constante lo llevó primero a reproducir con vidrio piedras semipreciosas, como la turquesa o la malaquita, a fin de incrustarlas en joyería. Progresivamente, los artesanos vidrieros perfeccionaron sus técnicas hasta conseguir, con fabulosas recetas de alquimia, el vidrio incoloro e incluso el cristal de plomo, que logra simular, casi a la perfección, la transparencia y belleza del cristal de roca.

El vidrio es una sustancia dura, no cristalina, frágil, de aspecto translúcido y en la mayoría de los casos transparente. Surge de la fusión a alta temperatura de una mezcla de sílice o arena sílica con un álcali terroso o carbonato de calcio y con un carbonato de sodio, sosa o potasa, dentro de un reactor de fusión. Se deben de reunir 2.5 partes de sílice por una de fundente. Un exceso de bases haría que el vidrio fuese demasiado fluido y por tanto impropio para el trabajo, al tiempo en que un exceso de sílice conduciría a la desvitrificación. Como resultado de la presencia de uno de los dos carbonatos, el vidrio varía en su aspecto, según la época y la zona geográfica en que fue elaborado. En la antigüedad, por ejemplo, el vidrio era de base sódica, similar al que se produjo en Venecia durante los siglos XV al XVIII.

El punto en que la mezcla vítrea pasa de estado sólido al líquido viscoso, varía entre los 1’300 y los 1’500 grados centígrados. Una vez realizada la mezcla, alcanza de forma gradual la consistencia sólida, mediante un proceso de lento enfriamiento hasta adoptar su aspecto característico de material sólido transparente. El vidrio se modela en caliente, en el poco tiempo en que se conserva entre el rojo amarillo y el rojo naranja. El proceso de recocido debe ser extremadamente lento, para impedir con ello la cristalización de los silicatos presentes en la mezcla. De no ser así, se puede originar una disminución sensible en la transparencia del vidrio, volviéndolo opaco y expuesto a romperse por impacto térmico. La curva de enfriamiento depende del espesor y del tamaño de la pieza.

Materia prima

La materia prima fundamental para la elaboración del vidrio es la sílice, presente en la arena o en el cuarzo, a la cual se agregan diferentes proporciones de carbonato de sodio y carbonato de calcio. La sílice rara vez se encuentra en estado puro, ya que lo más común es que aparezca combinada con otras sustancias que son útiles para la cristalización, como los sulfatos de hierro y de cobre, los óxidos de plomo y estaño, e incluso diversas sales. 

Cuando se habla de arcillas, se hace alusión a silicoaluminatos complejos. Precisando sobre el particular, cabe decir que “un silicoaluminato es un compuesto hecho con silicio y aluminio". Entre más pura se encuentre la materia prima, es decir la arena sílica, el resultado final mostrará un vidrio de mayor transparencia y pureza, y por consiguiente, entre más combinada esté con otros materiales, los vidrios adquirirán una apariencia más turbia.

Las arenas sílicas son arcillas que podemos clasificar en dos grupos: las primarias y las secundarias. A las primeras se les conoce como arcillas residuales, que se han formado en el lugar de sus rocas madres. Dentro de esta categoría se encuentran el granito, las pegmatitas y los feldespatos, que al no haber sido transportados por el agua o el viento, evitaron la mezcla con otras arcillas y lograron mantenerse con un alto nivel de pureza. En contraposición, las arcillas secundarias son aquellas que por la acción mecánica del agua, el viento, los sismos y glaciares fueron desplazadas de su lugar de origen. Dichas arcillas resultan ser las menos puras, pero también las más comunes. 

La sosa indispensable para la fabricación del vidrio, se ha obtenido de las cenizas de algas marinas, mientras que la potasa se ha extraído de las cenizas de las hojas de los árboles. En Egipto se utilizaba la rochette, que es la ceniza de la planta conocida como al kali; por su parte, los españoles la obtenían de la barrilla, los franceses del salicor o cresta marina y los alemanes de las cenizas del abeto. Los vidrios más primitivos poseían un color verdoso que persistió hasta que los artesanos aprendieron a depurar y decolorar el material para obtener una calidad totalmente traslúcida.

El color natural del vidrio es verdoso o pardo, según las impurezas que contenga (especialmente de fierro). Para hacerlo incoloro hay que purificar los materiales y luego decolorarlo mediante procedimientos físicos. Así pues, y siguiendo el principio de los colores complementarios, el tono verde logra ser anulado con un color rojo.

Utilizando el minio (Pb2 O3) o plomo como fundente, se obtiene el cristal de plomo, fabricado en Inglaterra desde el siglo XVII y patentado por George Ravencroft. Este material es de fácil fusión, blando, muy brillante y sonoro, con un índice de refracción elevado, y si se conoce como cristal de plomo, es por su similitud con el cristal de roca.

Los óxidos metálicos dan al vidrio coloraciones muy variadas: el hierro produce el verde azul o el amarillo, según su valencia; el cobre origina al verde azul o rojo; el cobalto al azul; el oro al rojo púrpura; el manganeso al morado o violeta; el azufre y el antimonio al amarillo, y el estaño al blanco opaco.

Unidad estructural en la sílice

La unidad estructural de la sílice se forma con un tetraedro de (Si O4), es decir, con un átomo de silicio siempre rodeado por cuatro átomos de oxígeno. Ello da por resultado una combinación de tetraedros de sílice irregulares, orientados al azar. En cambio, en el cristal los átomos siguen un patrón ordenado, el cual se repite siempre de la misma manera. Cabe advertir que tanto la sílice amorfa como la ordenada son muy utilizadas en la fabricación del vidrio.

El vidrio calizo

Además de ser el más común, este vidrio es el que se funde con mayor facilidad debido sobre todo a su composición. Está formado de manera dominante por sílice, así como por calcio y sodio. Dentro de esta composición, el sodio actúa como fundente y el calcio proporciona la estabilidad química que evita que el vidrio se vuelva soluble al agua.

El vidrio calizo es utilizado para la fabricación de vasos, vajillas, mesas, ventanas y otros enseres. Ostenta un coeficiente de expansión o dilatación térmica de 87 (87 x 10.7 pulgadas/°F). Actualmente su elaboración ha mejorado considerablemente, ya que si se le agrega una mayor cantidad de sílice, experimenta una resistencia al choque térmico superior. Como ejemplo podemos mencionar algunos productos de CRISA (tazas, vasos, etcétera), que resisten con facilidad líquidos calientes, fríos y soportan los impactos.

El vidrio borosilicato

Este tipo de vidrio nace en 1912, a consecuencia de un lamentable accidente ocurrido once años atrás. En una lluviosa noche de invierno de 1901, un guardavía salió del interior de la estación para advertir al conductor de un ferrocarril que un tren de carga venía por el mismo juego de rieles. Para ello, comenzó a girar su lámpara de petróleo con señalamientos sobre el peligro; pero el golpe de la lluvia fría sobre el vidrio de la linterna que estaba caliente, hizo que se estrellara y se extinguiera la luz. A raíz del imprevisto, nadie pudo ver las señales y ocurrió el fatal accidente.

Para prevenir nuevos desastres de ese tipo, se volvió prioritaria la búsqueda de un vidrio que resistiera el choque térmico provocado por los cambios de temperatura, comenzando de inmediato los experimentos con diferentes materiales para satisfacer ese requisito.

En realidad, la solución había comenzado a gestarse desde 1846, cuando el alemán Carl Zeiss, mecánico de precisión, estableció un pequeño taller en Jena, Alemania, donde producía el equipo para laboratorio que le demandaba la universidad de esa ciudad. Años más tarde, ingresó a la empresa el físico Ernst Abbe como ayudante de Zeiss, quien con la elaboración del modelo matemático de la teoría de la óptica para microscopios, revolucionó la manufactura de estos aparatos. Posteriormente se sumó al grupo de investigadores el doctor Otto Schott, un talentoso químico del vidrio, y entre los tres fundaron en 1884 la fábrica Jenaer Glaswerke.

Transformada la compañía en la Glastechnische Laboratorium Schott & Genossen, durante 1887 se pudo anunciar el descubrimiento de la primera fórmula de borosilicato. Basándose en diferentes experimentos, los investigadores de esos laboratorios pudieron ver que si se le agregaba óxido de boro a los materiales crudos, el vidrio podía resistir los cambios de temperatura, resultaba más difícil de fundir, trabajar y era prácticamente inerte.

El descubrimiento hecho por la empresa Schott & Genossen de Jena, Alemania, pasó más tarde a los Estados Unidos, en donde el investigador Corning trató de perfeccionarlo hasta que el estallido de la Primera Guerra Mundial lo obligó a posponer sus trabajos. Empero, para 1915 Corning ya había comenzado a comercializar el vidrio Pyrex para hornear. Gracias a la teoría de este joven investigador, quedó demostrado que el vidrio sí era bueno para cocinar, ya que absorbía el calor, mientras que muchos de los metales lo reflejaban.

Corning adquirió en la mayoría de los países las patentes para la fabricación de Pyrex, y la producción masiva en Francia e Inglaterra comenzó en 1922. Ante las protestas de la empresa alemana que había descubierto originalmente el vidrio de borosilicato, en 1926 se llegó a un acuerdo de partición del mercado, mediante el cual se estipuló que Alemania, Austria y los países escandinavos del Este, serían reservados como mercado para el vidrio producido en Jena por la empresa Schott & Genossen. 

En la actualidad, el vidrio de borosilicato se utiliza como material de laboratorio y en la fabricación de los utensilios de cocina llamados refractarios, los cuales son respaldados por las firmas Pyrex, Visions y Corning. Este tipo de vidrio es el que menos se dilata con los cambios bruscos de temperatura, ya que tiene un coeficiente de expansión muy bajo, de 30 a 42, dependiendo del tipo de producto que se elabore con él.

El vidrio óptico / cristal de plomo

Este vidrio se obtiene mediante la sustitución del óxido de calcio por el óxido de plomo, y como logra fundirse a temperaturas más bajas, permite un considerable ahorro de energéticos. Su descubridor fue el inglés George Ravenscroft, quien en el siglo XVII se percató de que agregando óxido de plomo a la fórmula tradicional del vidrio, obtenía un material incoloro y transparente.

Es el vidrio al que llamamos cristal de plomo por su transparencia y sonoridad; cualidades a las que se suma su apariencia muy similar a la del cristal de roca. Cuenta con un coeficiente de expansión térmica de 103, el cual lo vuelve idóneo para ser trabajado artesanalmente, sobre todo al permitir que sobre su superficie se hagan cortes de gran dificultad y belleza para crear las piezas que hoy se designan de cristal cortado. 

Debido a su pureza y transparencia, tiene un mayor poder de refracción y dispersión, por lo que también es utilizado como vidrio óptico en anteojos, telescopios, microscopios, cámaras fotográficas y otros instrumentos. Su utilización en el campo de la fotografía, obedece a la capacidad que tiene para dispersar la luz en toda la gama de colores, la cual pasa de manera uniforme a través del lente para plasmarse sin alteraciones en la película.

El vidrio templado o de seguridad

El vidrio de seguridad, conocido como vidrio templado, se fabrica principalmente para uso automotriz. Ello obedece a que su proceso de elaboración es muy costoso y a que tiene que ser confeccionado exactamente a la medida, ya que no admite modificaciones posteriores. Este vidrio tiene una resistencia cinco veces mayor a la del vidrio normal, además de que al romperse no se fractura en mil pedazos cortantes, sino en pequeños trozos inofensivos. 

La fabricación del vidrio de seguridad no obliga a modificar la fórmula del vidrio óptico, lo que lo vuelve diferente es el proceso de elaboración. Para hacerlo es necesario colocar entre dos vidrios una hoja de polyvinyl butiral (PVB). Posteriormente, los dos vidrios con la película plástica al centro se meten al horno para presionarlos y calentarlos gradualmente a una temperatura de 620º C, a fin de enfriarlos súbitamente con aire. De esta manera se consigue que el vidrio quede en la superficie a compresión y en el centro a tensión. "En el interior del vidrio, donde las fuerzas de tensión se incrementan por el templado, la fuerza del material es casi ilimitada, porque está prácticamente libre de imperfecciones".

Orígenes del vidrio y su evolución

Muchos autores de la antigüedad escribieron acerca del vidrio. Plinio el Viejo (23-79 d.C.), por ejemplo, narró en su Historia Natural que el descubrimiento de ese material tuvo lugar en Siria, cuando unos mercaderes de natrón, probablemente en ruta hacia Egipto, preparaban su comida al lado del Río Belus, en Fenicia. Al no encontrar piedras para colocar sus ollas, pusieron trozos del natrón que llevaban como carga, y a la mañana siguiente vieron cómo las piedras se habían fundido y su reacción con la arena había producido un material brillante, vítreo, similar a una piedra artificial. Tal fue, en síntesis, el origen del vidrio. 

Estrabón (58 a.C.-25 d.C.), por su parte, en su Geografía describe con admiración un sarcófago de vidrio, y asegura que en un punto localizado entre Tolemaida y Tiro se extraía la arena apropiada para el vidrio. El griego Heródoto (484-410 a.C.), considerado como el “Padre de la Historia”, relata la manera en que los etíopes embalsamaban a sus muertos para colocarlos en sarcófagos de vidrio. Eliano, escritor griego del siglo III, narra las condiciones en que Jerges, el hijo de Darío, descubrió el cuerpo de un jefe asirio en un ataúd de vidrio. Salomón, en sus Proverbios, condenó al que miraba el vino a través de un vaso de vidrio, y también en el Antiguo Testamento se encuentra mencionado el vidrio en la Historia de Job: “No se compara el oro y el cristal, ni se cambia por vasija de oro fino. Corales y cristal no merecen ni mención, la sabiduría vale más que las perlas”. 

Todas estas alusiones resultan muy posteriores a la época en que comenzó a fabricarse el vidrio, y en su mayoría pasaron de generación en generación por transmisión oral antes de ser perpetuadas por la escritura. De manera adjunta, dichos testimonios constituyen la versión de los vencedores, lo cual les otorga un cierto grado de duda en cuanto a su veracidad. Igualmente cuestionables son las investigaciones históricas del siglo XIX sobre el mundo antiguo, ya que en ellas prevalece una visión romántica y poco científica acerca de los orígenes de la cultura occidental. Es por ello que cuando se da inicio a una investigación relacionada con las civilizaciones pretéritas, se suscita el problema de que las fuentes históricas varían mucho en la calidad de la información que ofrecen. Empero, en la actualidad existen datos más seguros, sustentados en los resultados que se obtienen por el empleo del radiocarbono, la dendrocronología, el arqueomagnetismo, la informática, la investigación documental y el trabajo de campo realizado por los arqueólogos.

Entre los textos antiguos antes mencionados, resalta por su importancia la Historia Natural de Plinio el Viejo, escrita en el primer siglo después de Cristo. En ella se ofrecen buenas evidencias acerca de la región geográfica en la que pudo haber sido descubierto el vidrio y sobre la manera accidental en que tal episodio ocurrió. No obstante, los detalles del descubrimiento narrado por Plinio son poco confiables, ya que para lograr el punto de fusión del natrón que dio por resultado la formación del vidrio, hubiera sido necesaria una temperatura aproximada a los 1’300° o 1’500° C., mientras que una fogata al aire libre puede alcanzar, cuando mucho, los 600° C. 

Si en los aspectos físicos se pueden suscitar dudas, en lo que respecta a la información sobre los fenicios existen verdades indiscutibles. Por un lado, ellos fueron los comerciantes por excelencia de la época, ya que al carecer de recursos naturales en sus tierras, buscaron en el comercio otra forma de supervivencia. Inclusive pedían permiso a los egipcios para comprar y vender libremente en sus costas, llevando después los productos de ese imperio a los puertos de todo el Mediterráneo. Los fenicios no sólo intercambiaban objetos en sus viajes, sino que también propagaban la ciencia, los conocimientos y costumbres de todo el mundo conocido. Muchos eran los productos que comercializaban, entre ellos el natrón. Este material era sumamente apreciado porque se empleaba tanto para el aseo de los dientes como para el baño. Además, al ser disuelto en agua funciona como desengrasante, por lo que se utilizaba para limpiar la loza. Los egipcios, por su parte, lo aprovechaban constantemente en el proceso de momificación. Es probable que además del natrón, los fenicios comercializaran objetos de faiensa y vidrio, los cuales eran fabricados en Egipto. Los artesanos de ese imperio eran famosos en todo el Mediterráneo por imitar casi a la perfección, con dichos materiales, las piedras preciosas y semipreciosas.

Orígenes y evolución de la materia prima del vidrio

Para el estudio de los orígenes del vidrio, tenemos que remontarnos al Medio Oriente, hacia el cuarto o quinto milenio anteriores a Cristo, y al área geográfica que va desde Egipto hasta la cuenca mesopotámica, donde aparecieron por primera vez las sociedades estables. Allí, a raíz del descubrimiento de las técnicas de utilización de los métales, se imitaron rápidamente en cerámica objetos similares a los elaborados en metal. Este hecho derivó en el descubrimiento de barnices alcalinos, que junto con la frita de plomo fueron las sustancias más empleadas para volver impermeables los recipientes de arcilla. La producción más antigua de este tipo de vasos o recipientes, tuvo lugar en Egipto, en Uadi Hammamat y en Badari, centros localizados muy cerca de yacimientos de sílex y esteatita.

Del perfeccionamiento en los trabajos de alfarería se derivó el gusto por decorar los ladrillos y confeccionar artesanías de composición vítrea (conocida como faiensa egipcia), cuya técnica fue desarrollada en Egipto. El vidrio surgió posteriormente como resultado de las experiencias adquiridas con el procesamiento de los metales, ya que para esos menesteres se requerían, al igual que con el vidrio, la construcción de hornos capaces de alcanzar altas temperaturas y la experimentación con fórmulas minerales. Las capas de vidrio que cubrían las joyas, amuletos de composición vítrea, vasos de cerámica y ladrillos, son las manifestaciones más antiguas que existen sobre el aprovechamiento del vidrio.

Los vestigios más remotos del vidrio proceden de Egipto

La mayoría de los investigadores asegura que el vidrio tuvo su origen en Mesopotamia, apoyándose para el caso en los vestigios encontrados en sitios como Tell al Rimah y Aqar Quf, que fueron elaborados, aproximadamente, 3500 años antes de Cristo. No obstante, en el presente capítulo sostengo que los primeros trabajos de vidrio se hicieron en Egipto, considerando la existencia de unas cuentas de esteatita, mineral compuesto de filosilicato, que pertenecen a la civilización predinástica Badarian, situada cronológicamente entre los 5500 y los 3500 años antes de nuestra era. Guy Brunton, su descubridor, sugiere que probablemente fueron fabricadas en el lugar en que se encontraron, ya que en zonas específicas del Vale del Nilo existía la materia prima necesaria para su elaboración. 

Los principales yacimientos provechosos para la elaboración del vidrio se localizan en los desiertos occidental, oriental y área meridional de la primera catarata del Nilo, al sur de Nubia y Sudán. Otros filones existen en Aswan, al sur de Egipto, y algunos más en Guadi Gulán y en la Costa del Mar Rojo (ver mapa, pág. 16). Como podemos observar, de toda la zona de la media luna fértil, es Egipto el que cuenta con los más grandes yacimientos geológicos de materia prima para la elaboración del vidrio, sobre todo de arena, que por su alto contenido de calcio es muy apreciada en esos procedimientos.

La composición vítrea

La faiensa egipcia o composición vítrea, es un material que fue realmente estudiado a fondo y analizado en fechas recientes. El nombre se lo dieron los arqueólogos europeos por su similitud con la loza mayólica o faience europea; pero el término está mal empleado, porque el producto egipcio se forma con una pasta de vidrio y no de cerámica. Inclusive en árabe se le llama quishani y no faiensa.

Esta técnica fue desarrollada por las civilizaciones Nagada y Badarian desde los años 5500 a 3500 a.C. La pasta de vidrio que se obtenía era llamada por los egipcios antiguos “tjehenet”, vocablo que significaba brillante o deslumbrador. Se elaboraba con una frita de cuarzo molido que era mezclada con pequeñas cantidades de cal, natrón o restos de vegetales incinerados. En Egipto brotaba una planta idónea para el caso, llamada Al Kali, con la cual se producían cenizas para obtener la sosa. 

Elaborar una pieza de faiensa suponía, en primer lugar, moler el cuarzo hasta formar un polvo muy fino al que se le agregaban sosa y cal. A esta mezcla se le añadía agua para darle una consistencia de pasta que podía ser configurada a mano o bien por medio de moldes hechos con arcilla. Después la pasta era cubierta con un vidriado azul o verde del mismo material, es decir la sílica, la sosa y la cal, que incluso en la actualidad se emplean como componentes básicos de la fórmula del vidrio. 

Posteriormente, la pieza de faiensa se horneaba a unos 900° C., temperatura que era insuficiente para fundir al material en su totalidad, pero que permitía obtener una capa vidriada en la superficie de la pieza. En otros casos, se utilizaba la técnica de colado, la cual probablemente fue la primera en utilizarse ya que no se diferencia mucho de otros sistemas ya utilizados para la fabricación del metal. Para trabajar una pieza colada, la mezcla se vaciaba en un crisol para fundirla y después se pasaba a moldes con la forma deseada. 

Actualmente los científicos del Museo de El Cairo se asombran del proceso de elaboración de estas piezas, ya que técnicamente resulta muy complicado, al igual sorprende la transparencia lograda en los barnices que cubrían los objetos,. Según los estudios químicos realizados, los barnices muestran un porcentaje de 0.5 de oxido de plomo, lo cual es muy interesante ya que el plomo aun en la actualidad se utiliza para darle transparencia al vidrio. Este punto es de suma importancia ya que es una prueba más, de que los egipcios no fabricaban el vidrio transparente o traslucido en grandes producciones, no porque no dominaran la técnica, sino porque para ellos tenía más importancia utilizarlo con fines rituales.

Los objetos de faiensa fabricados con polvo de cuarzo y los de pasta de vidrio manufacturados con sílice, tenían una estrecha relación con la joyería. Ambos eran utilizados para confeccionar principalmente ornamentos destinados al ajuar funerario, como podían ser pequeños recipientes perfumeros, balsamarios y para afeites, amuletos, collares, anillos, máscaras e incluso sarcófagos, como el de Tutankamón, hecho en oro con incrustaciones de piedras semipreciosas y vidrio de color, cortado y pulido en forma de esmalte colocado en partes previamente ahuecadas, llamadas costillas. Todos estos enseres eran muy importantes para los egipcios, ya que se les consideraba símbolos de la eternidad y brindaban protección a los muertos durante millones de años contra los peligros que pudieran encontrar en el camino hacia la eternidad.

Estudios realizados por el Museo de El Cairo

Durante mucho tiempo, la faiensa fue identificada como "loza egipcia", sobre todo por no conocerse con exactitud sus componentes. En el Museo de El Cairo se realizó un análisis a 41 piezas elaboradas en ésta composición vítrea de la primera y segunda dinastías (3000-2650 a.C.), estudio que certificó su composición vítrea y no solamente vidriada. El color del centro de esas piezas variaba un poco, de acuerdo con la zona de procedencia, dadas las diferencias que proporcionaban las impurezas del material (arena cuarcífera) con que se elaboraron. Poco a poco, al ir perfeccionando la técnica utilizada en la faiensa, y probablemente de manera accidental, se llegó a formar el vidrio. 

De este proceso se conservan actualmente desde piezas vidriadas y de composición vítrea como la faiensa, hasta las piezas de vidrio elaboradas en base a arena sílica, que comenzó a producirse en grandes cantidades a partir del imperio nuevo, entre el 1570 y el 1085 antes de nuestra era.

Composición vítrea, joyería, simbolismo y color

Al vidrio y a la composición vítrea los egipcios la llamaban "iner en wedeh"; piedra que fluye, o piedra que se vierte.A los egipcios les era muy difícil conseguir en su territorio piedras de gran importancia simbólica como lo eran la turquesa y el lapislázuli. La primera la extraían de las minas del Sinaí, en lo que hoy es llamado Quadi Magharah, lugar donde existía una verdadera ciudad, con habitaciones para los mineros y fortalezas para defenderse del pillaje, todavía hoy se pueden ver numerosos bajorrelieves e inscripciones de la época faraónica a la entrada de la mina de turquesas. El lapislázuli, les acarreaba serios problemas ya que por su escasez había la necesidad de importarlo desde Afganistán. 

Ante estas dificultades, se vieron en la necesidad de resolver el problema buscando nuevas opciones con las que se pudieran cubrir los requisitos de forma y color para sustituirlas. Probablemente analizando la turquesa y el lapislázuli, que eran las piedras más buscadas por su gran poder seductor, pudieron observar que éstas, en su origen mineral presentan una variedad de componentes muy interesante, la turquesa es el resultado de la oxidación del cobre, y el lapislázuli, es una mezcla de calcita, piroxena, mica, escapolita, feldespato y piritas de hierro, ambas de color azul y brillo vítreo. 

Así con la gran observación de los componentes, aplicaron sus conocimientos de metalurgia y experimentaron hasta encontrar la composición vítrea, técnica que fueron perfeccionando cada vez mejor hasta que finalmente lograron desarrollar un material similar al de las piedras que utilizaban para sus joyas y amuletos, donde definitivamente la transparencia no era primordial, ya que estaban destinadas a un uso ritual y no a un uso cotidiano y popular, eso lo podemos comprobar ya que contemporáneamente a estas piezas ya se realizaba un vidriado perfectamente transparente como el utilizado en el revestimiento de la cerámica.

Cabe señalar que el vidriado, la faiensa o composición vítrea, la pasta de vidrio y el vidrio, son de una misma familia, ya que la formula para elaborarlos esta compuesta por los mismos componentes químicos, lo que varia en cada una, son las técnicas empleadas en su elaboración. Los antiguos egipcios fueron excelentes artesanos, todo los productos que manufacturaban estaban perfectamente ideados dentro de la armonía y la belleza, Una gran cantidad de amuletos y pequeñas piezas de animales así como cuentas y abalorios de cuarzo han sido encontrados y clasificados, estos se encuentran cubiertos con una fina capa de vidriado, existe un modelo de una barca en secciones, vidriada y unida por bandas de oro que está considerada una de las piezas más bellas, una gran esfinge de 45 cm. de largo que evidentemente fue vidriada por la capa de barniz que aun conserva, en donde se aprecia claramente como a fusión del vidrio sobre la piedra disolvió parte de la superficie dándole un acabado como de un caramelo de azúcar. 

El sistema del vidriado sobre el cuarzo continuo en tiempos históricos, claras cuentas de cristal y pequeñas piezas cubiertas con una rica capa de vidriado han sido encontradas, varias de estas piezas pertenecen a la XII dinastía. 
En las dos primeras dinastías, donde tenemos el periodo conocido como época arcaica, la composición vidriada, fue expandiendo su uso a un fin religioso y ritual en forma de pequeñas ofrendas y objetos destinados a las tumbas reales. Vasos, figuras humanas y animales, en especial los babuinos, aparecen en templos como los de Abydos, Hierakonpolis y Elefantina en el sur.

Una pieza de un vaso con el nombre de Mena (Menes) primer rey de Egipto de composición vítrea verde, es una pieza realmente sorprendente por lo difícil de realizar técnicamente ya que el nombre real se encuentra incrustado en la segunda capa de vidriado, esta capa de vidriado de la parte superior de la pieza se encuentra coloreada en un tono que ahora ya casi no se puede apreciar.

Varios objetos fueron realizados y encontrados en Abydos, como la tablilla de la primera dinastía que se encuentra decorada con el relieve de una figura, se encontró también una pieza con la representación de un mandatario, aparentemente realizada en memoria de su visita al templo. También se cuenta con una gran cantidad figuras de animales y mujeres que se pueden apreciar en el diferentes colecciones de museos como el de El Cairo y el Museo Nubio de Asuán. Otra variante de la composición vítrea son los mosaicos vidriados que eran utilizados para decorar los muros de los templos y tumbas. Este tipo de trabajo tuvo una gran demanda en el Imperio Antiguo, llegando a tener su mayor esplendor en la XVIII dinastía.

La incrustación, es una de las técnicas más bellas y exactas de la producción de la composición vítrea y de la pasta de vidrio. La pieza de incrustación más antigua que es conocida hasta ahora, es un mosaico que estuvo colocado en un muro que corresponde hacia la primera dinastía, probablemente de ahí en adelante esta técnica se fue perfeccionando y se tomo como un ejemplo para incrustarla en otros materiales como la madera, joyas y otros objetos del ajuar funerario.

Pero en realidad el mosaico encuentra su más dramática expresión en la cámara del rey Zozer en Zakkara durante el Imperio Antiguo. Treinta y seis mil mosaicos de composición vítrea se encontraban incrustados decorando los muros, éstos estaban distribuidos en varios paneles de juncos delineando armoniosamente algunas de las cámaras. Este detalle cabe destacarlo ya que es de gran importancia, porque hasta hoy no se ha encontrado otra cámara del Imperio Antiguo con esa cantidad de mosaicos de composición vítrea incrustados.

Los diferentes diseños de mosaico elaborados en composición vítrea fueron usados probablemente desde 5500 a C hasta irse haciendo poco a poco muy populares, posteriormente entro una nueva moda, se realizaron mosaicos de composición vítrea a gran escala para la decoración de cuartos, han sido encontrados magníficos ejemplos hasta de 1 pie de largo, los cuales se encuentran cuidadosamente acabados en una capa de color azul verde. Las cenefas decorativas de mosaicos utilizadas a finales del Imperio Antiguo, tienen como decoración principal una gran variedad de diseños, entre los cuales podemos destacar los de palmeras, hojas y juncos.

Es poco lo que se conserva de loza vidriada de la época de las pirámides, unas pequeñas tablillas de color verde y azul verde del rey Pepy, 4100 a C. En la VI dinastía aparece en circulación un segundo color, el azul índigo (como el escarabajo de Merenra) y unos pequeños vasos de cosméticos.Los más antiguos escarabajos aparecen en la era de la III y IV dinastía los cuales están elaborados con mucho detalle y finamente terminados con una capa de vidriado.En la XII dinastía el vidriado que se aplica a las piezas es delgado y duro, en unos casos de color verde grisáceo. Un claro azul es frecuentemente utilizado y el mejor ejemplo es el encontrado en los escarabajos y figuras de hipopótamos, los diseños e inscripciones que acompañan a estas piezas son de un fino color negro, aparentemente todo parece indicar que estas piezas eran coloreadas con manganeso, mineral se encuentra de manera muy abundante en el Sinaí.

Los simpáticos hipopótamos de composición vítrea azul, se encuentran decorados en su mayoría con diseños de flores e insectos, los hipopótamos representaban las fuerzas malignas del antiguo Egipto. El color azul y la decoración de flora acuática, sugieren que ellos podían sumergirse debajo de las aguas del Nilo; el infamundo. Tal vez por eso desde tiempos tempranos se le asocio con Seth.

Los primeros reyes creían que tenían que luchar con el hipopótamo como símbolo de triunfo sobre el mal, para evitar el caos, relacionado con este tema se encuentran en los muros de diferentes templos, escenas donde aparece Horus de pie con un arpón en la mano sumergiendo al hipopótamo, este tipo de escenas es un símbolo del triunfo de Maat, sobre el caos. Tal vez sea por esta relación que las pocas piezas que se conservan de loza vidriada de hipopótamos y que fueron encontradas en tumbas, estaban colocadas en la espalda de la momia o debajo de los pies.

Hasta hoy se conocen sesenta diferentes posturas en los hipopótamos de composición vítrea. Un dato curioso es que la mayoría de los hipopótamos tienen sus piernas rotas, no se sabe si deliberadamente o como un ritual para quitarles poder y fuerza maligna. “Este tipo de figuras se hicieron exclusivamente en el Imperio Medio, lo cual puede sugerir que fue una moda de la época”.

La XVIII dinastía es la gran era del vidrio en todos aspectos, la pasta de vidrio y la composición vítrea comienza con una continuación del estilo de la XII dinastía, motivo por el cual es muy difícil diferenciar una pieza de una época, a una pieza de la otra. En tiempos de Tutmosis III, las piezas pequeñas y las cuentas realizadas en azul fuerte indican el inicio de la nueva época, cuencos grandes elaborados en un brillante vidriado azul van a ser realizados. También se van a manufacturar diferentes artículos en un tono de verde oscuro, tono que podemos apreciar en los originales y elaborados recipientes de Kohl. 

El uso del vidrio en base sílica, se va a desarrollar de manera sorprendente en el Imperio Nuevo, teniendo como resultado la multiplicación de los artesanos y talleres vidrieros. Esta época se va a distinguir por su estable situación económica y social, a diferencia de la turbulenta época del Imperio Medio. Por lo que al extender sus fronteras, los productos egipcios van a ser exportados y llegar a toda la cuenca del Mediterráneo, de la misma manera vendrán nuevos productos y modas al país, efecto que se puede apreciar claramente en el arte como un reflejo de la época.

Durante el reinado de Amenofis II fue realizada la pieza maestra de composición vítrea que se conoce hasta hoy del antiguo Egipto, pieza que se encuentra actualmente en el South Kensington Museum. Es un gran Uas que fue realizado como ofrenda, sus dimensiones son sorprendentes ya que mide casi dos metros de largo. Para poder realizarla en ese tamaño, hubo la necesidad de trabajarla en nueve secciones de veintidós centímetros de largo cada trozo, para así poder hornearla, para unirla se utilizo una pasta elaborada con el mismo material, finalmente fue vidriada de nuevo para darle el acabado final. 

La cabeza fue hecha aparte. La dificultad en esta pieza en especial, es el mantener uniforme el color al hornear y que la flama no se reduzca para así mantener constante la temperatura y poder lograr un brillante muy uniforme, también es muy difícil controlar en estos casos que el vidriado no se escurra hacia abajo.

Con Amenofis III y IV el arte del vidriado tiene un brillante desarrollo así como la variedad de colores y aplicaciones que se le van a dar. Siguiendo los usos de azul y verde se unen azul púrpura violeta y un brillante verde manzana, amarillo cromo, amarillo limón, rojo, rojo oscuro y blanco. La composición vítrea se va utilizar en cuencos, vasos y recipientes, cuentas y escarabajos, los cuales podemos unir a una gran cantidad de pendientes y ornamentos realizados para collares, amuletos y accesorios, en esta época tenemos mas de 250 formas conocidas de objetos y moldes, emblemas y placas con nombres.

En el Imperio Nuevo vuelve a tomar fuerza la incrustación de faiensa y pasta de vidrio en la arquitectura, los capiteles de grandes columnas fueron incrustadas en rojo y azul en los diseños de palmas separados por pequeños rectángulos y bandas.

Este sistema de incrustación se siguió trabajando en la siguiente dinastía, una gran cantidad de cartuchos de Sethy II han llegado en excelentes condiciones a nuestros tiempos, y en el templo de Luxor podemos encontrar los huecos que corresponden al tamaño, probablemente de ahí fueron retirados .


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